UNA
PARADOJA BORGEANA
Profesaba Platón y el infinito,
pero también el Sur y Juan Muraña;
su mente urdió la irrevocable hazaña
de convertir el arrabal en mito.
pero también el Sur y Juan Muraña;
su mente urdió la irrevocable hazaña
de convertir el arrabal en mito.
Universal, porteño y erudito,
lo deleitaba una pasión extraña:
transitar la remota telaraña
de las olas vikingas por escrito.
lo deleitaba una pasión extraña:
transitar la remota telaraña
de las olas vikingas por escrito.
Quizá gastó sus últimas miradas
sobre una arcaica saga escandinava;
o entre kenningar, runas y baladas.
sobre una arcaica saga escandinava;
o entre kenningar, runas y baladas.
Mas la ceguera se extendió hasta el
colmo:
el mundo de las letras lo admiraba,
excepto unos letrados de Estocolmo.
el mundo de las letras lo admiraba,
excepto unos letrados de Estocolmo.
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